Cabalgata por Los Andes. Parte 1: Reencuentro con la cordillera

Me pareció una buena idea la que propusieron mis hermanos para cerrar un año movidito como lo fue el 2023, la de cabalgar varios días por los Andes conmemorando los 200 años del cruce por el Portillo Argentino del General San Martín.

“La cabalgata la organiza un grupo de vaqueanos liderados por el gran Chawie, ellos se encargan de todo: la comida, las monturas y el armado de los campamentos. Nosotros sólo tenemos que llevar lo puesto y dejarnos llevar por el caballo”.  Y así de fácil me convencieron.

El 27 de diciembre, con el calor sofocante del asfalto capitalino, salimos con el auto bien cargado para la Provincia de Mendoza rumbo al Manzano Histórico, el punto donde empieza esta cabalgata de cinco días por la cordillera.

Un poco de historia

La localidad de Manzano Histórico se ubica al pie de la cordillera, a 1700 metros sobre el nivel del mar. Allí se encuentra el paso cordillerano Portillo Argentino.    

En 1817, San Martín dio inicio al plan continental que aseguraría la Independencia de la Argentina -promulgada un año antes- y que proponía liberar también Chile y Perú, que seguían bajo el dominio español. Para eso diseñó una estrategia que comenzaba con la liberación de Chile mediante un ataque a la ciudad de Santiago. Iban a rodearla desde 6 flancos distintos. Uno de esos frentes estaba al mando del General Lemos, quien hizo el cruce por el Portillo Argentino.

El desenlace de esa gesta lo cuenta la batalla de Maipú, a principios de abril de 1818,  donde el ejército realista fue derrotado en forma definitiva por el Ejército de Los Andes, asegurando así la independencia chilena. De ahí, San Martín partió hacia el norte para preparar la ofensiva que terminaría dándole, en 1821 la Independencia a Perú en Lima, el corazón del poderío español en Sudamérica.

Años después, en 1823, San Martín regresó a la Argentina a través de la cordillera, y fue el Portillo Argentino el paso que eligió El General para cruzar Los Andes. El árbol que hoy caracteriza al Manzano Histórico es un retoño de aquel árbol que simboliza el descanso del General tras la campaña libertadora. Por eso, este 2023 se conmemoran los 200 años de aquel cruce del General después de semejante hazaña.

Monumento “Retorno a la Patria”

El inicio de la travesía.

Al pie de la imponente cordillera y descansando junto a un alambrado, estaba el que había sido designado como mi medio de transporte para los siguientes días. Nunca me había subido a un caballo y, de entrada, me pareció bastante alto. Mirando a mi alrededor veía que todos se acercaban a su equino y le acariciaban la cabeza. Cuando yo hice lo mismo, hubo un cruce de miradas determinante donde mi caballo supo inmediatamente que yo era un principiante.

Si bien nos habían advertido que la expedición tenía sus dificultades, me daba confianza estar con tres de mis hermanos. Además, el grupo era numeroso, diverso y los guías estaban muy atentos a todo. Fue así como 25 personas comenzamos a cabalgar por un camino de ripio, alejándonos del Manzano y adentrándonos en las montañas.

Cuando hablo de las montañas de Los Andes me gusta hacer una aclaración. Para quienes habitamos la llanura pampeana, la palabra “montaña” le queda chica al idioma. Hablamos de montaña de piedras, montaña de basura, montaña de trabajo, o muchas veces confundimos la geología y decimos “me voy a la montaña” cuando en realidad nos vamos a las sierras de Tandil o Córdoba.

Las montañas de Los Andes son distintas y están en la primera liga de las montañas del mundo, adonde no se jode. Los diversos factores que están presentes en la cordillera te pueden dejar congelado en unas horas si no tomás las precauciones necesarias. La primera de ellas:  ir con alguien que conozca el lugar y sepa lo que hace. El clima, el frío, el viento, la nieve, la falta de oxígeno, las piedras, los ríos, los deshielos, la incomunicación y lo remoto del lugar, son solo el mantel de base sobre el uno tiene que poner el resto para vivir una maravillosa experiencia y que no termine en fatalidad. Esto último nos volvería a quedar claro en la última noche de la travesía.

Mi caballo arrancó último, pesado y arrastrado por el guía que cerraba el grupo. Caminaba lento y se dispersaba con cada arbusto tratando de comer algo de donde yo solo veía pinches. “No lo dejes comer” me decían, “que no tome agua, dale fuerte con el talón”. Pero los dos sabíamos lo que estaba pasando, él era vago y yo, primerizo.    

Durante esta primera parte el camino todavía era transitable para vehículos altos. A pesar de la marcha lenta, pasado el mediodía llegamos a los 2100 metros de altura, donde se encuentra la base Portinari de Gendarmería Nacional. Ahí mismo, antes de que pudiera desensillar, mi caballo decidió que era momento propicio para un descanso y se tiró a dormir. Empecé a sospechar que le pasaba algo.

Inicio de la cabalgata

Base Portinari. Momento propicio para un descanso

En la base de Gendarmería, documento en mano, se registran todas las personas que pasan. Es un paisaje pintoresco, atravesado por el Arroyo Grande y limitado al norte por un paredón inmenso de piedra que le hace de marco a nuestra bandera argentina.

Después de un sanguche y de la última fruta que iba a comer en varios días, retomamos la marcha bajo un cielo nublado y con una temperatura que empezaba a bajar rápidamente. Al poco tiempo de salir apareció el primer desafío: cruzar un arroyo helado y correntoso. El primero en cruzar fue Blaky, el perro pulgoso que nos acompañaba. Se tiró al agua y lo último que vimos fue cómo se lo llevaba la corriente hasta perderlo de vista.

Mi caballo se puso impaciente, empezó a colarse en la fila y encaró para el agua. Por un segundo pensé que se le había despertado el espíritu aventurero, pero sólo quería tomar agua y comer unos pastos frescos de la orilla. Me aferré bien a la montura y, acompañado por un guía, cruzamos con éxito el primer arroyo, sin caernos ni mojarnos.

Aproveché para adelantarme e intentar salir primero. En eso apareció corriendo para todos lados -cual cachorro estimulado por un hueso- el perro que había dado por muerto minutos antes.

Se empezaba a sentir el traqueteo del día en la cintura y en la parte de la pantorrilla que rozaba con las fajas. Enseguida quedé último de nuevo y comprendí que, por ese día, mi rol en este tren de caballos iba a ser el de coche caboose.

A casi 30 km de la salida del Manzano apareció el refugio Scaravelli, nuestra primera parada y noche del recorrido. Pero antes había otro arroyo que cruzar, que en realidad era el mismo Arroyo Grande, pero más frío y torrentoso a esta altura.  

Me enseñaron cómo desarmar la montura y fui a buscar el resto de mis petates, que habían subido con las mulas. Algunos armaron la carpa y otros ubicamos la bolsa de dormir adentro del refugio. El lugar es precario, tiene un ambiente que funciona de cocina, con un hogar y unas mesas, y dos cuartos para dormir. Me cambié las medias, me abrigué y me puse la linterna frontal para salir a caminar un poco, buscar un baño y disfrutar del paisaje.

Al rato nos llamaron a cenar: Pollo con papas.

Para terminar el primer día, antes de meterme en la bolsa de dormir, me acerqué hasta el arroyo, miré al cielo y vi infinitas estrellas iluminando la silueta de las montañas. Y allá en el fondo, río arriba, pastaba tranquilo mi caballo.

Manzano histórico. Tunuyán

Cruce del Arroyo. Atrás, la mascota de la travesía esperando su turno para revolcarse por la correntada.

Cabalgando al pie de la cordillera
Portillo Argentino

En la próxima parte del viaje la nieve, el frío y la altura se hacen más presentes. El Portillo y el año nuevo están cada vez más cerca.

Info útil.

La expedición la hicimos con la empresa Manzano Adventure. Hay otras empresas y también hay otros lugares adonde se puede llegar hasta el cruce. En diciembre del 23 nos costó algo de 150.000$. Vale la pena quedarse un día en el Manzano y visitar alguna bodega de la zona.

También hay empresas que te llevan a caballo hasta los restos del avión.

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aprilecar

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