Caminata por el Arroyo Frías (en sequía). Adventurban 03.

(7 minutos de tiempo de lectura)

7/4/2023

“Que el final te encuentre lleno de recuerdos y no de sueños”

Esta frase me viene resonando mucho y uno de mis recuerdos más hermosos de este último tiempo fue la travesía nocturna por el arroyo Frías durante la sequía histórica del 2023.

A las 3 de la mañana del Viernes Santo el despertador interrumpió mi sueño para materializar un deseo: recorrer el arroyo por su cauce vacío iluminado por la luna llena de abril.

Mi historia con el arroyo Frías es larga y siempre repleta de nuevas aventuras. Visitarlo es agendar una anécdota, guardar un recuerdo, volver a mi pueblo.

Unos días antes de iniciar la caminata había pasado por el arroyo y me detuve un momento a ver la extrema sequía que acechaba su cauce. Lamentando la imagen de la muerte misma plasmada en el fondo del río, caminé un poco viendo lo que el arroyo ahora me mostraba a cara descubierta. Me impactó.

Preparé la mochila porque quería registrar semejante suceso caminándolo y fotografiándolo. Así fue como unos días más tarde llegué en plena noche bajo la luna llena y linterna encendida a caminar aguas arriba por el Frías.

Ajusté las botas y tomé un sorbo de agua en un ambiente espeso de niebla y rocío.

El arroyo es una interrupción de la planicie de los campos de la zona, un cajón extendido que va de un metro y medio a tres de profundidad. Empecé a caminarlo por la parte más profunda donde a duras penas queda un poco de barro, algunos charcos de agua estancada con mal aspecto y esqueletos de viejas del agua y caparazones de tortugas.

El plenilunio iluminaba el campo en su extensión y yo me alejaba de las huellas humanas de pescadores y bebedores caminando río arriba para el noreste. En seguida llegué a una curva donde pasé por unos piletones que aún sigo buscando respuesta a su existencia. Pensé en algún fenómeno erosivo que los hubiese generado, pero después con la luz del día me di cuenta de que claramente estuvieron hechos por el hombre. ¿Habrá sido para bebida de animales, para llevarse suelo del fondo del río, lo habrán hecho en alguna otra sequía centenaria para preservar algunos bichos del arroyo? Sigo todavía sin respuestas a eso.

El camino entró en un bosque de acacias, troncos y mucha vegetación que atravesaban el arroyo. Cuando hacía un mínimo ruido salían volando cientos de pájaros haciendo un bullicio estrepitoso. Cercano está el basurero de la ciudad y en esos árboles duermen muchos pájaros de los que revolotean la basura.

Todavía de noche no se veían muchos detalles. La luna daba el marco de luz a todo el entorno del campo abierto, podía divisar árboles a lo lejos y alambrados cercanos. De a ratos apagaba las linternas y podía andar bien con la luz de la luna. Después cuando se cerraba la vegetación o se encorajinaba el fondo del arroyo tenía la linterna de cabeza como una guía de mis pasos y a la linterna de mano, algo más potente, la usaba para ver cosas en el margen del cauce, como cuevas, raíces y las formas extrañas que presenta la arcilla tallada por la corriente.

El paisaje me sigue pegando en el ojo. Nunca lo había visto completamente vacío y el cuadro es realmente distinto a cuando tiene al menos un hilo de agua. Ahora el hado, el desierto y el agobio te llegan al corazón.

Cauce
Cueva de nutrias y carpinchos
Árboles sobre el arroyo
Luna, linterna y cauce

La idea era caminar río arriba hasta que el sol saliera a la superficie y disfrutar de ese momento desayunando adonde sea.

Al buen rato de caminar la claridad comenzó a notarse tanto en los campos como en el cielo. Ya no hubo lugares con vegetación que se recostara sobre el río y el cajón del cauce se delimitó prolijamente. Muchas veces había en el suelo un camino de animales marcado y cientos de huellas de vacas por todos lados.

Mientras caminaba, y eso es lo que me gusta de caminar en silencio por estos lugares, me preguntaba por qué me impacta tanto este paisaje, este cauce vacío. Pienso que en primer lugar me impresiona el hecho de que al lugar le falta algo, le falta el agua. Siento que el río está incomunicado ahora. Se atomizaron los distintos lugares adonde quedan algunos charcos que con suerte tienen alguna vieja del agua respirando forzosamente. También me gusta ver esas formas raras de su superficie, huecos y hoyos tallados artesanalmente por millones de litros de agua que pasaron por ahí gestando aleatoriamente remolinos. Me gustan los saltos que hay en el cauce armados como perfectos escalones de una escalinata que cuando hay agua, se traducen en rápidos o cascaditas. Me impresionan también las raíces de los atrevidos árboles que nacieron en el margen del cajón y se fueron enroscando en la lucha entre crecer a lo alto o ser arrastrados por el agua. El suelo también me llama la atención. ¿Es suelo que queda al descubierto después de cuánto tiempo? ¿Meses, años, décadas? Suelo acostumbrado a estar hidratado, con peces encima. Suelo que se agrieta ahora por la falta de agua. Suelo que ahora recibe el sol y los rayos de luna sin el filtro que la capa de agua le hizo durante mucho tiempo.

Las cuevas, las formas de los pastos y las viejas. Que bicho curioso la vieja del agua. Nunca las había visto fuera del agua. La parte de arriba del animal, incluyendo los ojos, tiene una agradable forma roma, con curvatura y simetría perfecta. Tienen muchas aletas, la cola alargada como si fuese una anguila a la que le evolucionó la cabeza y tienen todo el cuerpo recubierto por estructura ósea. Abajo tienen unas ventosas que les permite adaptarse a las corrientes rápidas o rascar las algas, por esto en alguna época las vendían como limpia peceras. Sólo viven en Sudamérica y son familiares de los bagres. Las nutrias y carpinchos son sus predadores naturales y las viejas parecen ser los animales más resistentes del arroyo, ya que son los únicos que aún siguen con vida en estos charcos eutrofizados y sin oxígeno.

Piletones
Cauce variado, con saltos y formas
La vieja del agua
Charcos eutrofizados
Árboles luchadores
Más cuevas de carpinchos
Cauce bien definido
Antes del amanecer
Paisaje desértico

Cuando ya se asomaban los primeros rayos de febo me detuve en un puente de los que construyen en el campo para pasar ganado. Ahí recién me saqué la mochila y busqué un sanguche para desayunar. Había caminado unos 10km.

El amanecer fue majestuoso. Permanecía aún la neblina y el sol iba saliendo por detrás. Varias vacas curiosas se acercaron adonde estaba comiendo. A mis costados, como un gran cañón, estaban los paredones del arroyo y unos metros más abajo el fondo del cauce.

Busqué en el bolsillo de la mochila y saqué el “landmark” para dejar en algún lugar. Muy a mi pesar voy a dejar un pedazo de plástico degradable con forma de gota en algún lugar de esta naturaleza. Este souvenir estimo va a durar dos años y lo tengo simplemente para darle entidad a mi aventura. El amuleto tiene un código del lado de atrás y siempre me gustó ese juego de que si alguien lo encuentra tenga una recompensa, ya que sería alguien con quien por destino o por azar compartimos un mismo espacio de aventuras.

Vegetación en el cauce
Arcilla erosionada

Inicié la vuelta caminando por el mismo lugar, pero ahora de día, con luz y con la panza llena. El lecho del arroyo me siguió impactando todo el camino. Tierra resquebrajada, arcilla, botellas, cuchillos oxidados, alambres, más viejas muertas y terneros que por tramos me acompañaban en el trayecto.

Venía buscando un árbol para dejar la gota y en alguna parte a mitad del camino la dejé. Mientras caminaba pensaba en que si alguien la encontraba en algún momento antes de que se desintegre iba a ser porque este amuleto emitió alguna especie de llamada, tal cual el juego de Jumanji.

En los charcos grandes y piletones paré a tirar algunas migas que fueron devoradas por varios peces que seguían todavía sobreviviendo.

Caminé por los senderos de las vacas, me asomé en las cuevas de nutrias, los remolinos de la arcilla y volví transitando un doble sendero entre lo que avanzaban mis pies y lo que pasaba por mi mente. En una semana el paisaje será completamente diferente, dejaré de lado la naturaleza prístina con poca intervención humana y pasaré a caminar por una de las ciudades de mayor relevancia para la historia de la humanidad, adonde los humanos dejaron su huella. Me voy a Estambul.

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aprilecar

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