La India. Parte 4. Calcuta, resignificación y la vuelta.
Calcuta me recibe a los bocinazos, en un barrio oscuro, de noche y sin reserva. Ya me estoy acostumbrando a la India, al lenguaje corporal de mover la cabeza mostrando un no y a seguirle la corriente a los indios cuando se hacen los boludos.
Calcuta se encuentra bien al este, capital del estado de Bengala Occidental -cerca de la frontera con Bangladesh- ese país adonde también somos campeones del mundo.
Última parada del viaje, a disfrutar.
El Hindustan Ambassador es el taxi icónico de Calcuta y el encargado de llevarme del aeropuerto a un hotel muy barato que había reservado, como diríamos en Argentina, “por dueño directo”.
En el trayecto de 40 minutos paramos dos veces a cargarle agua al radiador, el auto es viejísimo y lamentablemente no me puedo comunicar con el chofer de ninguna forma para preguntarle más detalles. Este auto, como muchas cosas de Calcuta, son herencia de los ingleses.
El recibimiento en el hotel es al estilo indio. Si no estas apañado por las grandes plataformas, se tratan de aprovechar del turista extranjero. Había visto este hotel en un barrio de mecánicos un poco alejado de Park Street y la zona turistica. Al verme llegar de noche, solo, en ese barrio oscuro, el recepcionista quiso llevarme rápidamente a ese lugar de disconfort diciéndome que no había ninguna reserva a mi nombre y que el hotel estaba lleno. No se quería molestar en buscar algún error y miraba por sobre mi hombro un partido de cricket en una tele del fondo. Yo le mostraba mi teléfono y él buscaba el código en una planilla imaginaria. Después llamó al supervisor y ahora eran dos haciendo el acting. I am very persistant, le digo. Por favor busque en su planilla de reservas con este nombre, mostrándole mi apellido en el pasaporte. Cuando ven que mi pasaporte era argentino se les transformó la cara. “Ohhh mezi mezi. You play fútbol, my friend”. En seguida se desocupó una habitación especial al frente y me acompañó un indio hasta el cuarto. “Tomorrow we play fútbol my friend, mezi mezi”. Me conecté al wifi avisé en Argentina que había llegado bien y omití los detalles.
Calcuta
Pintu me había pasado el contacto de una guía musulmana para recorrer la ciudad, en un estilo que no era el típico del turista extranjero.
Hena es mujer, musulmana y tiene una hija que no conoce a su padre a la que trata de ofrecerle una vida mejor. Cuando tuve un poco más de confianza, le pregunté qué opinión tenía sobre los ingleses. No fue repulsión absoluta como en otros casos donde me hacían la cuenta de cuantos PBI les habían robado, o señalado puntualmente todo el oro que debería haber en los templos y fuertes y ahora estaba en los museos de Inglaterra. Hena reconocía que la herencia del idioma les permitía posicionarse como la potencia que eran en desarrollo de software, que sin los ferrocarriles de los ingleses India no podría desarrollarse y que podría ver con mis propios ojos que las construcciones de los ingleses eran mucho más lindas. También me hablaba con rechazo de esos múltiples dioses que tiene el hinduismo, un Dios para cada cosa, ¿te parece?
Me llevó a comer a un puestito de chapatis cerca de la estación del subte. Yo no tenía hambre, o mejor dicho, no quería comer en la calle. Pero insistió que sabía de lo que hablaba y ahí no tendría ese problema. British quality here. Accedí y comí esos panes mantecosos que envuelven salsas, arroz, pollo y cerdo. Muy sabroso y lo mejor, tenía razón, sin efectos secundarios. Ella comió mucho, noté que tal vez hacía bastante no comía. Pagué el almuerzo completo, unos 7 dólares.
Visitamos el subte, fuimos hasta una terminal y volvimos. El subte inglés es viejo. En Calcuta se construyó el primer subte que tuvo la India y las fijaciones claramente son inglesas, ahí también está presente la Pandrol al revés. Averigüé un poco más al respecto. Es un modelo de fijación que en India se llama MK3 y la empresa lo comercializa en Europa como PR clip, un modelo superado aún en uso. Las fijaciones e-clip tienen un rulito con forma de e minúscula justamente. En el caso de la MK3 el rulo no toma al riel desde el extremo sino desde el centro de esta geometría con letra e.
Hena sabía todas las artimañas para no pagar boleto y por lo general siempre pagábamos algo de menos. En los tuk tuk que tomábamos, viajábamos como 6tos pasajeros apiñados al chofer. Para cambiar rupias también me llevó a una cueva de apuestas de partidos de cricket adonde pagaban más el cambio. En este momento se está llevando a cabo el mundial de ese deporte tan inglés que ni se en qué consiste, y se ve que se apuesta bastante, o igual que en el futbol en realidad.
Fuimos también a la visita obligada del Victorial Memorial y St Patrick Church, dos construcciones colosales, con estética occidental adonde el orden, la limpieza y el silencio son la regla.
A la tardecita fuimos a un mercado gigante, de ropa, alhajas, pulseras, verduras, comida. Yo no podía comprar nada porque andaba con una maletita minúscula, pero la ropa y la verdura eran terriblemente baratas.
Para terminar el día fuimos a la casa de madre teresa donde Hena me esperó afuera. Ya era tarde y estaban cerrando. Preferí volver al día siguiente.
Hena me dejó en el hotel recordándome antes de que había elegido un pésimo lugar para quedarme y que tenga cuidado. Aproveché para bañarme y acostarme temprano.
A la mañana siguiente me despertó el que me había acompañado con las maletas a la habitación, me ofrecía unas aguas y si quería bajar a jugar al cricket o patear unos tiritos. Bajé con pocas ganas, era bastante turbio el ambiente. El cricket era en el medio de la calle que habían cortado con unos tachos, y jugaban entre medio de autos estacionados y con edificios vidriados a los costados. Hicieron sonar varios vidrios en ese juego y nadie preguntó ni reclamó nada. Era como una pandillita del barrio.
Desayuné fuera de horario con mi carnet de argentino campeón del mundo y salí caminando hacia la casa y museo de madre teresa. Me metí en las entrañas del barrio de mecánicos y la barrera del idioma es lamentable, uno queda en una posición de debilidad, desventaja e impotencia. Era muy pintoresco ver como arreglaban cualquier parte de un auto en la calle. Hice buenas migas con un tornero bengalí, también a través del fútbol.
También había carnicerías de esas que no usan heladeras y puestos de comida al paso.
Caminé por la avenida Acharya Jagdish acercándome a la casa de madre teresa. En las veredas había verdaderos campamentos de familias con muchos nenes viviendo en la calle. Su casa muchas veces era el techo de un tuk tuk con el que se refugiaban de la lluvia. A un costado prendían fuego con unas ramitas de sándalo y cocinaban verduras en una lata. Los niños se acercaban a la gente a pedir mostrando sus manos mutiladas. En Varanasi había visto mucha gente en condiciones calamitosas, pero ahí tenía la razón de ser de que estaban a punto de morir con el dinero necesario en el bolsillo para su cremación y liberación. Acá estaban en iguales condiciones, pero muy lejos de aquel lugar sagrado.
En el museo de madre teresa recorrí un poco su historia y su entrega para con la India y la pobreza. Unas monjas me ofrecieron unas estampitas y charlando le pregunté por los muñones de los niños y qué les pasaba que no tenían el dedo chiquito y venían a pedirte plata tocándote con eso. Me comentó que, en muchos casos, las propias madres le cortan un dedo para discapacitar a los niños y que tengan una forma de vivir, pidiendo en la calle y al menos no mueran de hambre. Suena terrible para un occidental. También me comentó sobre la basura, ya que le pregunté si había educación para la gente para no tirar tanta basura a la calle y que todo sea un basural permanente. De nuevo me di cuenta de que la India es un paradigma aparte, esa parte del metaverso donde todo puede ser real y tiene explicación. Me dijo que existen 4 castas principales, los brahmanes, los guerreros, los comerciantes y los campesinos. Luego hay muchas subcastas y la de más abajo es la de los intocables. Esta gente vive de lo que tiran los demás, ya sea de juntar esa mugre o de comer esos restos. Los matrimonios también se dan entre personas de la misma casta y los matrimonios arreglados son el 99 por ciento de los casos.
Salí muy movilizado del lugar y caminé mucho por avenidas grandes, hasta que llegué a la famosa Park Street bajo la lluvia. Ahí recorrí librerías, casas de deporte y cosas de estilo europeo haciendo tiempo hasta que pare.
Esa noche fui a cenar al Café Atlas, cerquita de mi hotel, que rápidamente se transformó en un boliche exclusivo. Cuando volví al hotel a preparar el regreso a Delhi estaba el recepcionista de la primera noche. Me invitó a tomar un te chai y puso en el tele los penales de la final de la copa del mundo contra Francia. Se sumaron todos los empleados y gritamos los goles como unos condenados. Yo no tengo ese bicho del fútbol en la sangre, pero recuerdo lo que fue esa final para la sociedad argentina y me conmueve mucho.
La vuelta.
Volví a Delhi en un pasaje en primera clase de Asiana, último resabio de esas millas y los años alocados de tanto viaje, escalas y horas de jetlag.
Delhi me recibió de la misma forma, pero yo ya no era el mismo. Fui directamente al hotel de la primera noche en la India y me estaban esperando con todos los cachivaches que había dejado.
Salí a caminar y visitar dos pendientes que me habían quedado. Uno era el Agrasen Ki Baoli, una antigua reserva de agua de 60 metros de profundidad hermosamente revestida de ladrillos y arcadas y distintos niveles. También fui a la vieja Delhi a ver ese mercado tan pintoresco. Ahí me compré un elástico de repuesto de la amortiguación de un tuk tuk para hacerme algún día un cuchillo.
Esa noche fui a cenar chapati con pollo frito y arroz, una birra y brindar por la despedida de la India.
Al día siguiente tendría que empezar a desandar el camino hacia Argentina con otros tres vuelos. Estaba muy flaco. Era un buen momento para pensar más en serio el tema del colesterol alto, de vivir y comer más saludablemente.
Pronto voy a cumplir 40 años y ya no me seduce tanto el pensar en escalas ni en aviones. Me resuena mucho más la vida en la naturaleza, al aire libre, visitar lugares poco concurridos con mucho pasto y tierra. Estuve muchos días respirando aire realmente denso y contaminado y pensaba lo distinto que es eso en el lugar en donde vivo, la provincia que por definición misma tiene buen aire. Deseo fuertemente reencontrarme con eso al regreso.
El avión apagó las luces y cerré la libreta saboreando un oscuro café etíope.







No comments yet.
Add your comment